Todos somos diablos en algún momento. Todos somos astutos, sagaces, con sutileza y con maña. Nuestros hijos son traviesos y no hay nada que temer.
Se escuchan los pasos de este a mi alrededor, su aliento azufre se siente cada vez más, sus uñas largas y filosas se sienten tirar y su miraba tan penetrante, sonriente, manipuladora y locuaz aqui presente, me dice que es el.
Quien tiene fe en Dios, tambien fe en el Diablo porque todos creemos en él un poquito hasta los que no creemos.
Cuando el diablo toque los asientos del cine, bese a los niños, aconseje a las amas de casa, nadie lo sabrá.
El diablo nos rodea día y noche y cuando se acerca todo sale mal porque dicen por ahí que Dios creo el alimento y el diablo a los cocineros.
Yo soy diabólica, la diosa de los infiernos, la dulzura del calor, el hambre de las guerras, el dolor de la avaricia, la sed de la ambición, la nobleza de la pereza, los ojos de la mentira, las garras asesinas y la ladrona de tus sueños.....
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